Cómo adaptarse a la Globalización
En una anotación reciente, a propósito del cierre de la planta de Braun en Cataluña, mencionábamos la reducción de los costes laborales como uno de los motivos de la relocalización (o como suele decirse, deslocalización) de empresas. En aquel caso se hacía referencia a un sector industrial en el que dichos costes tienen una relevancia notable a pesar del elevado nivel de automatización de la producción. Sin embargo este fenómeno de las relocalizaciones afecta también a empresas cuyos costes no dependen tanto de cuestiones salariales, como por ejemplo la industria de semiconductores o electrónica en general. ¿Cuál es en este caso el motivo que lleva a dichas empresas a trasladar su producción fuera de Europa o incluso fuera de EEUU? Craig Barrett, presidente del Consejo de Intel Corporation, lo ha explicado claramente ante un comité del congreso norteamericano (vía Cato at Liberty).
Semiconductor manufacturing is extremely capital intensive. The cost to build and equip a new wafer fabrication facility today is $3 billion or more. Where, and when, to build a fabrication plant is the largest ongoing financial decision a semiconductor CEO must make. […] More nations very intent on attracting high-tech state-of-the-art factories, such as Intel’s, now also have the requisite infrastructure and well-trained workforce they lacked in years past. Many countries offer very significant incentive packages and have highly favorable tax systems. While in the past we focused on comparing Europe to the U.S., we now increasingly focus on comparing Asia to the U.S.
No harían mal los gobiernos europeos y estadounidense, que tan preocupados se muestran por el cierre de numerosas plantas en sus respectivos países, en tomar buena nota de las palabras de Barrett cuando afirma que la diferencia de costes según la localización de la planta se debe principalmente (aproximadamente en un 70%) a los impuestos.
The largest portion of this cost difference is attributable to taxes. The billion dollars is the difference between the net present cost over ten years of building and operating the wafer fabrication facility in the U.S., estimated to be as much as $6.8 billion, compared to the net present cost over ten years of building and operating the same facility outside the U.S., estimated to be as little as $5.6 billion. […] Consequently, most of the $1 billion cost difference (about 70%) is the result of lower taxes.
Una buena manera de empezar sería seguir el ejemplo de determinados países que han apostado por la tecnología facilitando la entrada de empresas de este tipo con medidas fiscales atractivas.
Among the taxes and incentives in foreign countries we have observed are:
- Malaysia – providing a 10-year tax holiday, and tax depreciation for capital building and equipment costs equal to 160% of their cost;
- Ireland – with a 12.5% corporate tax rate, and a 20% research tax credit;
- Israel – paying up to a 20% capital grant, with a 10% tax rate and a two-year tax holiday; and
- China – granting a 5-year tax holiday, followed by 50% of the normal tax rate for 5 more years.
De esa forma podría hacerse frente de manera eficaz a los nuevos retos que presenta la globalización. Todo lo demás son discursos arcaicos y, lo que es peor, ajenos a la realidad. Si no se llevan a cabo medidas de este tipo, que han llevado por ejemplo a Irlanda a una prosperidad impensable hace unos años, el abandono de empresas, y con ello el desempleo, están asegurados.

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